Trump presume ofensiva y anticipa nueva oleada contra Irán

Por Juan Pablo Ojeda

 

El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, defendió públicamente la operación militar lanzada contra Irán y aseguró que la fase más contundente del ataque aún no comienza. En una entrevista telefónica con CNN, afirmó que las Fuerzas Armadas estadounidenses “están machacando” a los iraníes y que la llamada “gran oleada” podría llegar “muy pronto”.

La ofensiva, denominada Furia Épica, fue ejecutada en coordinación con Israel el pasado sábado. Según Washington, los ataques iniciales provocaron la muerte del líder supremo iraní, el ayatolá Alí Jameneí, así como de parte de la cúpula militar del país.

Teherán respondió con bombardeos dirigidos contra Israel y contra varios países del Golfo donde Estados Unidos mantiene presencia militar, entre ellos Baréin, Jordania, Kuwait, Qatar y Emiratos Árabes Unidos. Trump reconoció que esos ataques fueron “la mayor sorpresa” de la campaña, ya que —según dijo— varios de esos gobiernos ahora buscan involucrarse más activamente en el conflicto, pese a que Washington les aseguró que tenía la situación bajo control.

El mandatario, que en su campaña de 2024 prometió evitar guerras prolongadas en el extranjero, admitió que podrían registrarse más bajas estadounidenses. Hasta ahora, se han confirmado cuatro militares muertos. Sobre la duración del conflicto, afirmó que no desea una guerra extensa y estimó que podría resolverse en unas cuatro semanas, asegurando que las operaciones van “adelantadas al itinerario previsto”.

Consultado sobre si su administración busca facilitar un cambio de régimen en Irán, Trump respondió afirmativamente, aunque matizó que en este momento la prioridad es la seguridad ante la escalada militar. No obstante, el secretario de Guerra, Pete Hegseth, declaró en rueda de prensa que “no es una guerra de cambio de régimen”, aunque sostuvo que como resultado de la operación “el régimen ha cambiado”. También descartó que se trate de un conflicto “interminable” como la invasión estadounidense de Irak en 2003.

La combinación de mensajes —ofensiva ampliada, posible participación regional y ambigüedad sobre objetivos políticos— abre interrogantes sobre la estabilidad en Medio Oriente y el alcance real de la estrategia estadounidense en un escenario de alta volatilidad.

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