¿Has tomado algún suplemento dietético hoy? Es probable que sí. De acuerdo con los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), más de la mitad de los estadounidenses consumen algún tipo de suplemento, y el uso aumenta con la edad: casi una cuarta parte de los adultos mayores de 60 años toma cuatro o más productos distintos.
La categoría “suplemento” abarca desde vitaminas y minerales —como vitamina D o calcio— hasta productos botánicos como la cúrcuma o el extracto de té verde. Aunque algunas personas con deficiencias comprobadas necesitan estos productos para mantener su salud, los especialistas advierten que muchos suplementos carecen de evidencia científica sólida que respalde sus beneficios.
El internista Pieter Cohen, de Cambridge Health Alliance, quien ha investigado ampliamente esta industria, señala que los suplementos pueden conllevar riesgos reales. Un estudio estimó que las reacciones adversas a estos productos envían a unas 23.000 personas al año a salas de urgencias en Estados Unidos.
A diferencia de los medicamentos, que requieren aprobación previa de la Administración de Alimentos y Medicamentos (FDA) para demostrar seguridad y eficacia antes de su comercialización, los suplementos dietéticos no pasan por el mismo proceso. Esto implica que pueden venderse sin pruebas exhaustivas, lo que deja al consumidor con mayor responsabilidad y, en muchos casos, incertidumbre.
Brian Hitt, profesor adjunto de neurología en la Universidad de California en Irvine, subraya que la industria de los suplementos está escasamente regulada. Incluso cuando no resultan dañinos, añade, pueden no aportar ningún beneficio tangible. Por ello, muchos profesionales de la salud basados en evidencia no recomiendan su uso indiscriminado.
Uno de los principales consejos de los expertos es no confiar en afirmaciones difundidas en redes sociales. Los fabricantes no pueden legalmente asegurar que un suplemento cure enfermedades específicas, pero en plataformas digitales abundan testimonios sin respaldo científico. Historias anecdóticas sobre supuestas curas pueden resultar convincentes, pero carecen de control y verificación. En lugar de buscar soluciones rápidas, los especialistas recomiendan consultar con un médico para evaluar el problema de salud subyacente y determinar si realmente un suplemento puede ser útil.
También aconsejan investigar antes de comprar. Programas de certificación de terceros, como los de la U.S. Pharmacopeia (USP) o la NSF, verifican que el producto contenga lo que declara en la etiqueta y que esté libre de contaminantes. Además, la Oficina de Suplementos Dietéticos de los Institutos Nacionales de Salud ofrece información actualizada sobre evidencia científica y posibles riesgos.
Otro error frecuente es exceder la dosis recomendada. Existe la creencia de que si una cantidad es buena, más será mejor, pero esto puede resultar peligroso. Meena Bansal, especialista en enfermedades hepáticas del Sistema de Salud Monte Sinaí, ha observado un aumento de pacientes con lesiones hepáticas agudas relacionadas con el consumo excesivo de cúrcuma en cápsulas. Se estima que hasta el 20% de los casos de daño hepático pueden estar vinculados a suplementos dietéticos y productos herbales. Las dosis deben tomarse con la misma seriedad que las de cualquier medicamento.
Los expertos también recomiendan evitar productos con largas listas de ingredientes, especialmente cuando no especifican las cantidades exactas. Los suplementos de un solo componente facilitan el monitoreo de efectos secundarios e interacciones. Las mezclas complejas pueden ocultar sustancias no declaradas o en dosis inadecuadas, lo que incrementa el riesgo.
Finalmente, llevar físicamente los frascos de suplementos a la consulta médica puede marcar la diferencia. Revisar las etiquetas junto con el profesional permite identificar posibles interacciones con medicamentos recetados y tomar decisiones informadas. Como recuerdan los especialistas, ninguna empresa ha realizado estudios personalizados en cada consumidor, por lo que la supervisión médica es fundamental.
En un mercado en constante crecimiento y con fuerte presencia en redes sociales, la clave está en el escepticismo informado. Los suplementos pueden ser útiles en casos específicos, pero no sustituyen una alimentación equilibrada, atención médica adecuada ni tratamientos comprobados. Antes de incorporar uno nuevo a la rutina diaria, conviene detenerse, investigar y consultar.
















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