Por Bruno Cortés
En tiempos donde la política suele dividir más de lo que une, el diputado Ricardo Monreal Ávila decidió apostar por una herramienta poco común en el Congreso: el fútbol. Desde el Cámara de Diputados, el presidente de la Junta de Coordinación Política inauguró el Segundo Mundialito Legislativo con una idea clara: usar el deporte como punto de encuentro entre quienes piensan distinto.
Lejos de ser solo un torneo, el mensaje que lanzó Monreal es más profundo. En pocas palabras, plantea que el fútbol funciona como una especie de “lenguaje común” en un país diverso, capaz de generar cohesión social incluso en contextos de diferencias políticas. Para entenderlo fácil: donde el debate se atora, el deporte puede abrir diálogo.
El evento no surge aislado. Está alineado con la estrategia del gobierno federal, encabezado por Claudia Sheinbaum Pardo, que busca aprovechar la vitrina internacional de la Copa Mundial de la FIFA 2026 para algo más que turismo o derrama económica. La apuesta es convertir el Mundial en un momento de cohesión nacional, donde haya participación social y un ambiente de unidad.
En ese sentido, el Mundialito Legislativo se inserta como una política pública “blanda”, de esas que no cambian leyes directamente, pero sí buscan influir en el tejido social. Al juntar en la cancha a legisladores de distintos partidos, periodistas y trabajadores del propio Congreso, se manda una señal: la convivencia también es parte de la democracia.
Monreal incluso recurrió a la historia para reforzar su punto. Recordó cómo en la antigua Olimpia, durante los Juegos Olímpicos, se establecían treguas en medio de conflictos. La comparación no es casual: busca posicionar al deporte como un espacio simbólico de paz y entendimiento, algo que hoy también se intenta replicar desde la política.
Además, este tipo de iniciativas tienen un trasfondo económico y social. Eventos vinculados al Mundial no solo promueven actividad física, también activan industrias, generan empleo temporal y fortalecen la imagen del país a nivel internacional. Es decir, el deporte se convierte en una herramienta que conecta cultura, economía y política pública.
Al final, lo que se verá en la cancha son 12 equipos, pero lo que está en juego va más allá del marcador. Se trata de proyectar una idea de país: uno que, al menos por momentos, puede dejar de lado sus diferencias para compartir un mismo espacio.
















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