Por Bruno Cortés
Tras el rechazo de la reforma electoral en el Pleno, el debate político se movió a otro terreno. Ahora la conversación gira alrededor del llamado “Plan B” impulsado por la presidenta Claudia Sheinbaum, una propuesta que busca reducir privilegios en los congresos locales y ayuntamientos, además de fortalecer mecanismos de consulta popular. En ese contexto, el coordinador del Partido del Trabajo en la Cámara de Diputados, Reginaldo Sandoval Flores, aseguró que su bancada está dispuesta a analizar la iniciativa con calma y sin cerrar la puerta al diálogo.
En términos sencillos, el llamado “Plan B” pretende tocar temas que durante años han generado críticas entre la ciudadanía: sueldos elevados en algunos cargos públicos locales, estructuras municipales con demasiados regidores y una participación ciudadana más directa a través de consultas. La idea, en papel, es adelgazar ciertas estructuras de poder y abrir más espacios para que la gente opine sobre decisiones públicas.
Sandoval Flores explicó que dentro de la coalición legislativa —integrada por Movimiento Regeneración Nacional, Partido del Trabajo y Partido Verde Ecologista de México— ya existen mesas de trabajo para discutir estas propuestas. La intención, dijo, es revisar cada punto y tratar de encontrar coincidencias para avanzar en un consenso.
El legislador dejó claro que el PT no está cerrado a los cambios, pero también puso sobre la mesa una preocupación de fondo: México es un país plural y las decisiones públicas no pueden depender únicamente de consultas populares. Desde su punto de vista, si todo se resolviera preguntándole directamente a la ciudadanía en cada caso, entonces se debilitaría el papel de los congresos, los ayuntamientos y las instituciones representativas.
Para explicarlo en términos simples, Sandoval plantea una pregunta que resume el debate: si cada decisión importante se toma por consulta, ¿para qué sirven entonces los parlamentos? En una democracia representativa, explicó, la ciudadanía elige a sus representantes para que discutan, negocien y tomen decisiones en nombre de la sociedad. Cambiar ese equilibrio implicaría incluso modificar la Constitución.
Aun así, el diputado sí considera que hay áreas donde se pueden hacer ajustes concretos. Por ejemplo, revisar el número de regidores en algunos municipios o analizar los salarios de ciertos cargos públicos que, a su juicio, resultan excesivos. Ahí, dijo, existe margen para corregir distorsiones y mejorar el funcionamiento de los gobiernos locales.
El dirigente petista también aprovechó para responder a las críticas que ha recibido su partido por no respaldar la reforma electoral que se discutía originalmente. Desde su perspectiva, dentro de la izquierda mexicana hace falta una autocrítica y reconocer la trayectoria del PT en distintos momentos clave de la política reciente.
Recordó que su partido acompañó políticamente a Andrés Manuel López Obrador desde hace años, incluso cuando otros actores se alejaron. Según Sandoval, el PT fue parte del movimiento que impulsó la creación de Morena y contribuyó a la victoria electoral de 2018, por lo que considera injusto que ahora se les señale como si fueran aliados externos.
Con ese mensaje, el coordinador petista dejó claro que su partido no piensa desaparecer del debate político ni actuar como una fuerza subordinada. El PT, afirmó, tiene historia propia, ha competido solo en elecciones en distintos momentos y seguirá defendiendo sus posiciones dentro de la coalición gobernante.
En medio de esta discusión, el “Plan B” se perfila como el nuevo capítulo de la disputa sobre cómo deben funcionar las instituciones políticas del país: si deben reducirse estructuras y abrir más consultas, o si el reto principal es fortalecer los espacios de representación que ya existen. La negociación apenas comienza y, como suele pasar en el Congreso mexicano, todo dependerá de la capacidad de los partidos para ponerse de acuerdo.















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