Por Juan Pablo Ojeda
Pumas no solo juega un partido de vuelta ante San Diego, juega tiempo, credibilidad y el futuro inmediato de su proyecto deportivo. El 3-1 en contra con el que llega a este duelo dejó a los universitarios contra la pared y convirtió los 90 minutos restantes en una prueba de carácter para el plantel y, especialmente, para su director técnico, Efraín Juárez, cuyo puesto comienza a entrar en la conversación si el resultado no acompaña.
El golpe de la ida fue duro. Pumas mostró fragilidad defensiva, errores de concentración y poca contundencia en momentos clave, factores que terminaron por reflejarse en el marcador. Más allá del resultado, lo que encendió las alarmas fue la forma: un equipo desordenado, superado en intensidad y sin respuestas claras cuando San Diego aceleró el ritmo.
La vuelta obliga a los universitarios a cambiar la narrativa desde el primer minuto. Revertir un 3-1 no es imposible, pero sí exige un partido casi perfecto: solidez atrás, medio campo más agresivo y una ofensiva que aproveche cada oportunidad. Pumas necesita al menos dos goles sin recibir, un escenario que pone presión directa sobre un sistema defensivo que ha sufrido en partidos recientes.
En ese contexto, la figura de Efraín Juárez queda bajo la lupa. El técnico llegó con la promesa de renovar la identidad del equipo, pero los resultados han sido irregulares y una eliminación en esta instancia podría acelerar decisiones en la directiva. No se trata solo de perder o ganar, sino de cómo responde el equipo cuando está contra las cuerdas.
San Diego, con la ventaja en la bolsa, jugará con la tranquilidad que da el marcador. Su plan parece claro: orden, paciencia y castigar cualquier error de Pumas, que estará obligado a adelantar líneas y asumir riesgos. Ahí está el mayor peligro para los auriazules: un gol en contra puede convertir la misión en prácticamente imposible.
Para Pumas, este partido es una prueba de identidad. La historia del club está llena de noches donde el equipo respondió en escenarios adversos, pero el presente exige algo más que recuerdos. Necesita fútbol, personalidad y un golpe de autoridad que calme las aguas.
La vuelta ante San Diego no es solo una eliminatoria. Es un examen para el plantel, para el cuerpo técnico y para un proyecto que hoy camina sobre la cuerda floja. Si Pumas quiere seguir adelante, no hay margen de error.
















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