Petróleo se dispara por guerra con Irán; es la peor crisis energética desde la década de 1970: WSJ El precio del West Texas Intermediate subió 26.45%, a 114.94 dólares el barril, en el comercio asiático

La tensión en Medio Oriente ya nos pasó factura de este lado del charco. El diario The Wall Street Journal soltó la bomba informativa en los mercados: estamos ante la peor crisis energética desde la década de 1970. Y es que el precio del barril del West Texas Intermediate (WTI) perdió la brújula, registrando un salto de 26.45% para cotizarse en unos pesados 114.94 dólares durante la apertura del comercio asiático de este lunes.

 

El ramalazo financiero no se detuvo ahí. El crudo Brent, que funge como la otra gran referencia del mercado global, también se fue para arriba con un incremento superior al 23%, rozando los 114.60 dólares. Todo este desbarajuste en los tableros internacionales tiene un origen directo: el estallido de la guerra con Irán. El conflicto pasó velozmente de las amenazas a las agresiones armadas, dejando a los inversionistas sudando la gota gorda ante la perspectiva de un desabasto prolongado.

 

Para entender de dónde viene el trancazo económico, hay que voltear a la cúpula de Teherán. El cruce de ataques dejó un saldo trágico y político importante: la muerte del líder supremo Alí Jamenei en un operativo coordinado por Estados Unidos e Israel a finales de febrero. Con el nombramiento de su hijo, Mojtaba Jamenei, como relevo en la República Islámica, la región se convirtió literalmente en un polvorín, con ataques a depósitos petroleros que han dejado espesas nubes tóxicas sobre territorio iraní.

 

El nerviosismo en las mesas de dinero es completamente palpable. Las bolsas de valores en Asia abrieron la semana con caídas generalizadas, encendiendo lo que los analistas financieros ya califican como una auténtica sirena de incendio macroeconómica. El principal temor radica en que las rutas marítimas de los barcos petroleros a través del Estrecho de Ormuz se conviertan en un cuello de botella, estrangulando las líneas de suministro globales.

 

Desde Washington, el presidente estadounidense Donald Trump intentó calmar las aguas desde sus redes sociales. El mandatario minimizó el encarecimiento de los combustibles en su país —donde el galón ya subió casi medio dólar desde que inició la escalada— calificándolo como un «pequeño precio a pagar». Sin embargo, las agencias advierten que el incremento en los energéticos apenas comienza a reflejarse en los surtidores al consumidor final.

 

Los analistas de la vieja guardia recuerdan que una sacudida de esta magnitud no se veía desde la crisis petrolera de los setentas, cuando los embargos árabes dejaron a las potencias occidentales haciendo filas kilométricas por gasolina. Hoy, la dependencia del «oro negro» sigue intacta en la industria. Si los combates se prolongan, el impacto llegará a todas las economías en forma de un cóctel indeseable: menor crecimiento económico con alta inflación.

En México, el panorama exige prender los radares. Aunque a primera vista exportar crudo caro suena a ganancia para Petróleos Mexicanos (Pemex), la realidad es que importamos un alto porcentaje de las gasolinas que consumimos diariamente. Si los precios de referencia internacional se mantienen en las nubes, la Secretaría de Hacienda tendrá que hacer verdaderos malabares con el subsidio del IEPS para evitar que el litro de gasolina le dé un infarto a los automovilistas.

Sumado a esto, el encarecimiento del diésel y la turbosina genera un efecto dominó sobre nuestra cadena de suministro. Como vimos con el reporte de febrero, donde los alimentos frescos apretaron el bolsillo, un aumento en los costos de transporte y fletes terrestres podría darle la puntilla a la canasta básica. Es un escenario complejo donde el costo logístico de mover una tonelada de jitomate desde el campo hasta la Central de Abasto inevitablemente pasará la factura al consumidor.

Por lo pronto, las autoridades financieras mexicanas deberán amarrarse los cinturones y preparar las defensas para semanas de mucha volatilidad. A la ciudadanía, la recomendación principal es evitar las compras de pánico, planear bien el uso del automóvil y organizar el gasto. La sacudida en Medio Oriente apenas comienza a mostrar sus efectos, y mientras las aguas retoman su nivel, será fundamental proteger el ingreso familiar para aguantar el temporal económico.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *