Marco Rubio abre diálogo reservado con entorno de Raúl Castro

Por Juan Pablo Ojeda

 

Altos funcionarios de Estados Unidos mantienen conversaciones reservadas con figuras del círculo íntimo del poder en Cuba, en un movimiento que combina presión política y exploración de escenarios de cambio en la isla. El contacto es encabezado por el secretario de Estado Marco Rubio, quien sostiene intercambios directos con Raúl Guillermo Rodríguez Castro, nieto de Raúl Castro.

Según reportó Axios, citando fuentes vinculadas al proceso, estos acercamientos se desarrollan al margen de los canales diplomáticos formales. Para la administración de Donald Trump, el histórico líder cubano —a sus 94 años— seguiría siendo el verdadero tomador de decisiones dentro del sistema político de la isla, pese a que el presidente formal es Miguel Díaz-Canel.

Un alto funcionario estadounidense describió los contactos no como “negociaciones”, sino como “discusiones sobre el futuro”. La postura oficial, dijo, es que “el régimen debe irse”, aunque la Casa Blanca no ha definido aún cómo podría producirse ese escenario. Rubio continúa conversando con Rodríguez Castro, conocido como “Raulito”, una figura con influencia en el conglomerado empresarial militar y con cercanía directa a su abuelo.

Dentro del entorno del secretario de Estado existe la percepción de que Rodríguez Castro y su generación representan un sector más pragmático, con visión empresarial y potencial apertura a una normalización con Washington. Las conversaciones, según fuentes citadas, han sido cordiales y centradas en el futuro, evitando recriminaciones históricas.

El contexto en la isla es crítico. Cuba enfrenta apagones prolongados, escasez de alimentos y combustible, hospitales con servicios restringidos y un sector turístico debilitado. La crisis energética se agravó tras la captura y extradición del presidente venezolano Nicolás Maduro por parte de Estados Unidos, lo que alteró el suministro petrolero subsidiado que sostenía parte de la economía cubana.

Fuentes estadounidenses señalan que la reciente operación contra Maduro tuvo repercusiones en la cúpula cubana, incluyendo bajas entre oficiales destacados en Venezuela. Además, la decisión de Washington de no desplazar completamente a ciertos actores del chavismo fue interpretada en La Habana como una señal de que Estados Unidos podría optar por una transición negociada antes que por un colapso abrupto del aparato estatal.

El gobierno cubano, por su parte, ha negado que exista un diálogo formal de alto nivel con Washington. En un comunicado citado por Axios, aseguró que solo han existido intercambios de mensajes y contactos habituales, no negociaciones estructuradas. El Departamento de Estado evitó confirmar públicamente las conversaciones, aunque tampoco las desmintió.

Para la Casa Blanca, el desafío cubano es más complejo que el venezolano: la economía está en condiciones más precarias y no existe una oposición estructurada con capacidad de asumir el poder. Además, cualquier pacto que permita a figuras del establishment mantenerse en la isla podría generar tensiones en sectores del exilio cubano en Miami.

Mientras Rubio elabora escenarios para Trump —quien ha centrado su atención en conflictos en Irán y Ucrania— el presidente ha reconocido públicamente que existen conversaciones en curso. “Estamos hablando con Cuba en este momento”, afirmó recientemente, subrayando que la isla enfrenta una situación límite.

El desenlace aún es incierto. Lo que sí es claro es que, más allá de los discursos públicos, Washington y sectores clave del poder cubano exploran vías discretas para definir el futuro político y económico de la isla.

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