Por Bruno Cortés
En el Congreso, donde muchas veces los temas suenan lejanos o técnicos, el diputado Francisco Javier Sánchez Cervantes decidió bajar a tierra una discusión clave: cómo innovar en salud sin perder el piso ético ni poner en riesgo a los pacientes. Con ese objetivo encabezó el foro Salud en Medicina Regenerativa e Integrativa, un espacio pensado no solo para especialistas, sino para entender hacia dónde va el sistema de salud y qué reglas deben acompañar ese camino.
La idea central fue clara: no todo lo nuevo es automáticamente bueno. Sánchez Cervantes insistió en que cualquier avance médico debe caminar de la mano de la evidencia científica, la ética profesional y una regulación firme. En palabras sencillas, innovar sí, pero con reglas claras y pensando primero en las personas, no en el negocio.
Durante el foro, el diputado habló de un cambio profundo en la manera de atender la salud. Puso como ejemplo el programa de “cero rechazos” en hospitales públicos y el uso de tecnología para mejorar diagnósticos y tratamientos. La apuesta, dijo, es colocar al paciente en el centro, respetar su historia, su cuerpo y su contexto, y ofrecer soluciones personalizadas que sean seguras y responsables.
Ese enfoque, explicó, forma parte de un modelo de salud humanista que busca combinar ciencia, tecnología y trato digno. Para él, esa mezcla define a los gobiernos de la llamada transformación: usar herramientas modernas sin olvidar que detrás de cada expediente hay una persona real.
El legislador también aterrizó el debate en su propio distrito, la alcaldía Iztacalco, donde ha crecido el número de clínicas y laboratorios que ofrecen tratamientos estéticos o regenerativos. Ahí lanzó una advertencia sencilla pero directa: si no se revisa quién puede ofrecer estos servicios y bajo qué reglas, el riesgo de malas prácticas y complicaciones médicas es real.
En ese contexto recordó que, en la LXVI Legislatura, se han aprobado medidas que buscan fortalecer la salud pública en general: desde la prohibición de vapeadores y cigarros electrónicos, hasta la modernización del sistema con consultas a distancia, recetas y expedientes electrónicos. También destacó el fortalecimiento de la Cofepris y un plan maestro para ordenar hospitales, equipo médico e infraestructura.
Sánchez Cervantes añadió que la presidenta Claudia Sheinbaum Pardo impulsa un plan para integrar la atención médica de las distintas instituciones públicas, con la idea de que el acceso a la salud no dependa de en qué sistema esté afiliada una persona.
El foro también dio voz a quienes están en el día a día de la práctica médica. El doctor Christian Uriel Millán Jasso, especialista en medicina estética y regenerativa, fue contundente: hoy cualquiera puede autonombrarse médico estético sin una regulación clara. Eso, dijo, preocupa porque abre la puerta a improvisaciones peligrosas. Su propuesta es avanzar hacia reglas que definan quién puede ejercer y bajo qué preparación, y rescatar prácticas tradicionales, incluso de origen prehispánico, pero integradas de manera profesional y responsable.
El mensaje que dejó el foro es sencillo y potente: la salud del futuro no se construye solo con tecnología o discursos, sino con reglas claras, colaboración entre especialistas y una vocación de servicio que ponga a las personas por encima de cualquier moda médica.
















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