Por Juan Pablo Ojeda
Hay noches en las que un equipo no solo gana, sino que manda un mensaje claro al resto de la liga. Eso fue exactamente lo que hizo Club Deportivo Guadalajara al golear sin complicaciones a Club León y recuperar el liderato del torneo con 27 puntos.
El equipo dirigido por Gabriel Milito vive un momento que ya empieza a oler a algo grande. Nueve triunfos consecutivos en casa no son casualidad, son reflejo de un equipo que entiende a qué juega y que, además, tiene variantes para resolver partidos desde distintos frentes.
Lo interesante de este Guadalajara es que no depende de una sola figura. Jugadores como Brian Gutiérrez y Santiago Sandoval tomaron protagonismo, junto a Armando González, en una noche donde todo les salió. Gutiérrez fue el cerebro, el que conectó líneas y le dio sentido a cada ataque; Sandoval, en cambio, fue puro desborde y velocidad, una pesadilla constante por la banda.
Aunque el marcador terminó siendo escandaloso, el partido arrancó con un Guadalajara dominante pero poco fino. Generaban, llegaban, pero no concretaban. Hasta que Gutiérrez rompió el guion con un disparo de media distancia que abrió el camino y soltó la presión en el Estadio Akron.
Ya en la segunda mitad, el juego cambió de tono. La intensidad subió, León intentó reaccionar, pero la expulsión de Jordi Cortizo terminó por inclinar completamente la balanza. Con un hombre más, Chivas hizo lo que hacen los equipos enrachados: no perdonó.
El resto fue una exhibición. González desde el punto penal, Ángel Sepúlveda aprovechando un rebote y Hugo Camberos cerrando la cuenta convirtieron el partido en una fiesta rojiblanca. Cada gol reforzaba la sensación de que este equipo no solo compite, sino que empieza a imponer condiciones en la liga.
Además del resultado, hay otro dato que explica el momento: Guadalajara ya suma nueve anotaciones y se acerca al liderato de goleo que ostenta Joao Pedro. Es decir, no solo gana, también produce y genera espectáculo.
Con esta victoria, Chivas no solo recupera la cima, también se coloca a un partido de igualar una de las mejores rachas en la historia del Akron. Y cuando un equipo combina resultados, confianza y respaldo de su gente, empieza a construir algo más que triunfos: empieza a escribir historia.
















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