Durante conferencia de prensa, la mandataria capitalina detalló que el material colocado en el Zócalo capitalino comenzó a retirarse de inmediato tras el evento del 15 de marzo, con el objetivo de integrarlo a la infraestructura deportiva comunitaria. Según explicó, este insumo permitirá avanzar en la meta de 300 espacios futbolísticos distribuidos en distintas alcaldías.
El proyecto, alineado con la preparación de la capital como sede mundialista, busca descentralizar los beneficios del torneo y llevar actividades deportivas a colonias y barrios. De acuerdo con el Gobierno de la Ciudad de México, la estrategia pretende consolidar un “mundial social” con impacto territorial más allá de los estadios.
Brugada Molina subrayó que el evento masivo en el Zócalo —con el que se rompió un récord internacional— envía una señal de capacidad organizativa ante la comunidad global. Sin embargo, especialistas en gestión urbana han advertido en distintos foros académicos que este tipo de ejercicios simbólicos deben acompañarse de indicadores claros sobre costo-beneficio y mantenimiento de infraestructura.
En ese sentido, aunque la reutilización del pasto se presenta como una acción de economía circular, no se han detallado públicamente los costos totales de instalación, retiro y traslado del material, ni los criterios técnicos para su redistribución en canchas. Tampoco se ha precisado el calendario completo de intervención en las 300 instalaciones prometidas.
La administración capitalina insiste en que la política deportiva busca fomentar la inclusión, la salud y la apropiación del espacio público. Datos de la Secretaría de Obras y Servicios de la Ciudad de México señalan que la rehabilitación de espacios deportivos ha sido una constante en los últimos años, aunque con avances desiguales entre demarcaciones.
Por otro lado, la jefa de Gobierno reconoció los riesgos asociados al incremento del consumo de alcohol durante eventos vinculados al Mundial. En respuesta, anunció un plan preventivo coordinado entre dependencias locales para mitigar conductas violentas y promover celebraciones seguras, en línea con estrategias de salud pública impulsadas por la Secretaría de Salud de la Ciudad de México.
El enfoque preventivo, aunque relevante, también enfrenta cuestionamientos sobre su alcance real en contextos de alta concentración poblacional. Organizaciones civiles han señalado la necesidad de fortalecer la vigilancia, la movilidad y los servicios urbanos durante eventos de gran escala.
Finalmente, mientras el gobierno capitalino apuesta por capitalizar el impulso del Mundial como motor de cohesión social, persiste la discusión sobre si estas intervenciones lograrán un impacto duradero en la infraestructura deportiva o si responderán principalmente a una lógica de coyuntura internacional.
















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