Por Bruno Cortés
En la Cámara de Diputados no todo son reformas y debates políticos de alto nivel; también hay espacios donde se forma a quienes podrían ocupar esos curules en el futuro. El coordinador de Morena y presidente de la Junta de Coordinación Política, Ricardo Monreal Ávila, inauguró el Modelo Parlamentario Universitario de la UNAM, un ejercicio que busca acercar a los jóvenes a la práctica real del trabajo legislativo.
La dinámica es sencilla, pero potente: por un día, estudiantes se convierten en diputadas y diputados. Usan las instalaciones, debaten iniciativas, construyen acuerdos y votan como si estuvieran en una sesión formal. En otras palabras, pasan de la teoría a la práctica en un entorno que simula cómo funciona el Congreso por dentro.
¿Por qué importa esto? Porque uno de los grandes retos de la política pública en México es formar perfiles con conocimiento real del proceso legislativo. No basta con estudiar leyes; hay que entender cómo se negocian, cómo se modifican y cómo se aprueban. Este tipo de ejercicios intenta cerrar esa brecha.
Monreal lo planteó de forma directa: el objetivo es que los jóvenes se apasionen por el debate, que cuestionen, que argumenten y que incluso jueguen el papel del “abogado del diablo”. Es decir, que aprendan a ver todos los lados de una discusión, algo clave en un sistema democrático donde las decisiones se construyen a partir de distintas posturas.
El legislador también recordó que este modelo no es nuevo, pero ha evolucionado. Antes era más académico, con conferencias y preguntas; ahora busca que los estudiantes sean protagonistas, que tomen decisiones y sientan la presión real de legislar, aunque sea de forma simulada.
Otro punto interesante es el mensaje de fondo: hoy en México se puede ser diputado desde los 18 años. Eso cambia por completo la lógica de participación política, porque abre la puerta a que perfiles jóvenes no solo opinen, sino que también tomen decisiones desde el Congreso.
Durante el evento, los participantes incluso rindieron protesta simbólica y se organizaron en grupos parlamentarios, replicando la estructura política real. Además, discutieron temas actuales como igualdad salarial, digitalización, eficiencia del gasto público y uso de tecnología en educación, lo que conecta este ejercicio con debates reales del país.
Al final, más allá del acto protocolario, lo que está en juego es algo más profundo: formar ciudadanía con criterio, con capacidad de debate y con entendimiento del poder legislativo. Porque si algo ha quedado claro en los últimos años, es que la calidad de las leyes depende, en gran medida, de quienes las construyen.















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