Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, puso sobre la mesa una de las preocupaciones más sensibles para millones de hogares: el encarecimiento de alimentos básicos. Luego de que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía reportara una inflación anual de 4.59% en marzo, el gobierno federal anunció medidas para contener los precios, especialmente en productos como el jitomate y el limón.
Desde la conferencia matutina, la mandataria explicó que las secretarías de Hacienda y Agricultura ya trabajan de forma coordinada para intervenir en un punto clave del problema: la cadena de comercialización. En términos simples, el gobierno busca reducir el número de intermediarios entre productores y vendedores, con la intención de que los alimentos lleguen más baratos a las familias.
La apuesta no es menor. Productos como jitomate, limón y calabacita —básicos en la dieta mexicana— han registrado aumentos recientes que pegan directamente en el gasto cotidiano. Por eso, la estrategia incluye reforzar el Paquete Contra la Inflación y la Carestía (PACIC), un mecanismo que busca estabilizar precios mediante acuerdos entre gobierno y sector privado.
En los próximos días, el gobierno prevé sentarse con productores y comercializadores para definir cómo integrar estos productos al esquema de control de precios. La lógica es clara: si se acorta la cadena entre quien produce y quien vende, hay más margen para reducir costos finales.
Más allá de los alimentos, la presidenta también reconoció presiones en otros rubros, como el aumento en boletos de avión, impulsado por el encarecimiento de la turbosina. Sin embargo, matizó que este impacto es menor para la mayoría de la población, por lo que la prioridad sigue siendo el precio de los alimentos.
En paralelo, el discurso oficial intenta equilibrar el panorama. Sheinbaum destacó avances en indicadores como la confianza para la inversión extranjera y el crecimiento del turismo internacional, señales que, según el gobierno, apuntan a estabilidad económica pese al entorno inflacionario.
El reto ahora será ver si estas medidas logran contener los precios en el corto plazo. Porque en política económica, bajar la inflación no solo es cuestión de estrategia: también es cuestión de tiempo y ejecución.
















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