Claudia Sheinbaum impulsa credencial única para salud universal

Por Juan Pablo Ojeda

 

El gobierno federal puso en marcha uno de los cambios más ambiciosos en materia de salud de los últimos años: un sistema que busca que cualquier persona pueda atenderse en cualquier institución pública, sin importar a cuál esté afiliada. La presidenta Claudia Sheinbaum anunció el inicio del llamado Servicio Universal de Salud, una estrategia que arrancará con la creación de una credencial única para toda la población.

La idea, en términos simples, es acabar con la fragmentación del sistema. Hoy, si alguien está afiliado al Instituto Mexicano del Seguro Social no puede atenderse fácilmente en el Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado, y viceversa. Con este nuevo modelo, esa barrera empezaría a desaparecer poco a poco.

El primer paso será la credencialización. Este documento no solo funcionará como identificación oficial, también sustituirá gradualmente los carnés actuales de instituciones como el IMSS, el ISSSTE y el sistema de IMSS-Bienestar. El proceso tomará más de un año, pero será la base para integrar todo el sistema.

Desde la lógica de política pública, lo que se busca es hacer más eficiente el uso de recursos. En lugar de tener hospitales saturados en un sistema y espacios disponibles en otro, la idea es que toda la infraestructura funcione como una sola red.

De acuerdo con lo explicado por el subsecretario de Salud, Eduardo Clark, el objetivo es garantizar que cualquier persona reciba atención médica gratuita en el punto más cercano, sin importar su afiliación. Es decir, que el derecho a la salud deje de depender del tipo de empleo o registro administrativo.

El calendario ya está trazado. A partir de enero de 2027 comenzará el intercambio de servicios entre instituciones. En una primera etapa, se garantizará atención universal en urgencias, incluyendo la continuidad de tratamientos sin importar la situación económica del paciente.

También se contempla ampliar la cobertura en enfermedades específicas. Por ejemplo, el próximo año se prevé que el sistema permita atención universal para cáncer de mama, desde estudios como mastografías hasta tratamientos especializados.

Otro cambio relevante es la continuidad de tratamientos. Actualmente, si una persona pierde su afiliación o cambia de empleo, puede quedarse sin atención. Con este nuevo modelo, se busca que padecimientos como cáncer, VIH o enfermedades crónicas sigan siendo atendidos sin interrupciones.

Hacia finales de 2027 y durante 2028, el plan es integrar servicios más complejos: estudios de laboratorio, radioterapia, hospitalización y consultas de especialidad. Todo esto acompañado de una aplicación digital que permitirá gestionar citas, consultar historial médico y ubicar servicios disponibles, incluso con apoyo de inteligencia artificial.

El reto, sin embargo, no es menor. Integrar sistemas que históricamente han operado por separado implica ajustes administrativos, financieros y operativos. Por eso, el gobierno ha planteado una implementación gradual para evitar colapsos y asegurar que el modelo sea sostenible.

En el fondo, lo que está en juego es un cambio de paradigma: pasar de un sistema dividido a uno universal. Si funciona, significaría que el acceso a la salud en México dependerá menos de trámites y más de una lógica de derecho efectivo.

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