Por Juan Pablo Ojeda
La presidenta de México, Claudia Sheinbaum, aseguró que el precio de la gasolina no aumentará en el país pese a la volatilidad que vive el mercado energético internacional tras la escalada del conflicto en Medio Oriente.
Durante su conferencia matutina del 9 de marzo de 2026, la mandataria explicó que el gobierno cuenta con mecanismos fiscales para evitar que el alza del petróleo se refleje directamente en el precio de los combustibles que pagan los consumidores en México.
La jefa del Ejecutivo señaló que uno de los instrumentos clave para estabilizar los precios es el Impuesto Especial sobre Producción y Servicios (IEPS), un gravamen que puede reducirse o subsidiarse temporalmente cuando los precios internacionales del petróleo registran incrementos significativos.
Explicó que, si el costo de la producción o la importación de gasolina se eleva, el gobierno puede disminuir el IEPS para evitar que el impacto llegue al consumidor final. “Si aumenta el precio de la gasolina, hay un mecanismo a través de la disminución del IEPS para que no aumente la gasolina en nuestro país”, señaló.
Este mecanismo ha sido utilizado en años recientes como herramienta de política económica para proteger el poder adquisitivo de los hogares y contener presiones inflacionarias. La presidenta recordó que la estrategia fue aplicada durante la administración del expresidente Andrés Manuel López Obrador en 2022, cuando los precios internacionales del petróleo aumentaron significativamente tras el inicio de la guerra entre Rusia y Ucrania.
En ese momento, el gobierno federal aplicó subsidios temporales al IEPS para amortiguar el impacto del encarecimiento energético y evitar un incremento abrupto en el precio de los combustibles.
Ante el nuevo escenario internacional, la mandataria adelantó que sostendrá una reunión con funcionarios de la Secretaría de Hacienda y Crédito Público para analizar la evolución del mercado petrolero y evaluar si será necesario activar nuevamente ese mecanismo de estabilización.
La preocupación global se ha intensificado en los últimos días debido al conflicto que involucra a Irán, así como a la participación de Estados Unidos y Israel, lo que ha generado incertidumbre sobre la estabilidad de las rutas energéticas internacionales.
Uno de los puntos más sensibles del conflicto es el Estrecho de Ormuz, una vía por la que circula aproximadamente una quinta parte del petróleo que se consume en el mundo. Las restricciones al tránsito marítimo en esta zona han generado temores de interrupciones en el suministro global de hidrocarburos.
Como reflejo de estas tensiones, el precio del West Texas Intermediate (WTI) registró un aumento significativo en los mercados internacionales. El crudo estadounidense subió alrededor de 12 por ciento, alcanzando los 101.88 dólares por barril, mientras los inversionistas anticipan posibles efectos económicos derivados del conflicto.
El encarecimiento del petróleo suele tener efectos directos en los costos de transporte, producción industrial y precios al consumidor en muchas economías. En el caso de México, aunque el país produce petróleo, también depende en parte de la importación de combustibles refinados, lo que lo vuelve sensible a los movimientos del mercado internacional.
Por ello, la política fiscal aplicada al IEPS se ha convertido en una herramienta relevante para amortiguar las fluctuaciones externas. De acuerdo con especialistas en finanzas públicas, el uso de este mecanismo permite contener el precio al consumidor, aunque implica un costo fiscal para el gobierno al reducir la recaudación por ese impuesto.
La administración federal sostiene que la prioridad es evitar impactos directos en la economía familiar y mantener estabilidad en los precios de los combustibles, especialmente en un contexto internacional marcado por tensiones geopolíticas y volatilidad energética.
















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