Por Juan Pablo Ojeda
En medio de un escenario internacional cada vez más tenso, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump convocó a varios mandatarios latinoamericanos a una reunión política que busca discutir seguridad regional, migración y crimen organizado, pero que también deja ver una estrategia más amplia de Washington en el continente.
El encuentro, organizado antes del inicio de la guerra con Irán, ocurre después de la captura en enero del entonces presidente venezolano Nicolás Maduro por fuerzas estadounidenses en Venezuela, un hecho que sacudió la política regional. La reunión también se da en medio de tensiones entre Estados Unidos y Cuba por el bloqueo energético que Washington mantiene sobre la isla.
Según la Casa Blanca, el objetivo central de la reunión es reforzar la cooperación en materia de seguridad y migración irregular, además de coordinar acciones contra el crimen organizado en América Latina. Otro de los puntos clave es contrarrestar la creciente influencia de China en la región, un tema que se ha vuelto prioritario para la política exterior estadounidense.
Entre los mandatarios confirmados están el presidente de Argentina, Javier Milei; el de Costa Rica, Rodrigo Chaves Robles; el de República Dominicana, Luis Abinader; el de Ecuador, Daniel Noboa; el de El Salvador, Nayib Bukele; el de Paraguay, Santiago Peña; y el de Panamá, José Raúl Mulino, entre otros líderes de la región.
También participará José Antonio Kast, quien asumirá en los próximos días la presidencia de Chile tras ganar la segunda vuelta electoral en diciembre.
El encuentro ha llamado la atención porque deja fuera a las tres mayores economías de América Latina gobernadas por líderes progresistas: Brasil, México y Colombia. En ese sentido, no fueron invitados el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, la presidenta mexicana Claudia Sheinbaum ni el mandatario colombiano Gustavo Petro.
Analistas consideran que esta reunión funciona como una especie de foro paralelo a la Cumbre de las Américas, el mecanismo de diálogo hemisférico impulsado desde 1994 por la Organización de los Estados Americanos.
Especialistas en política internacional señalan que excluir a países clave como México, Brasil y Colombia puede limitar la efectividad de cualquier estrategia regional contra el crimen organizado, debido al peso político, económico y geográfico de estas naciones.
El encuentro también refleja lo que algunos analistas llaman la “Doctrina Trump” para América Latina, una estrategia que busca reafirmar la influencia de Washington en el continente, retomando en parte el espíritu de la histórica Doctrina Monroe bajo la idea de que el hemisferio occidental debe permanecer dentro de la esfera de influencia estadounidense.
La reunión ocurre además después de que Washington intensificara su presión sobre gobiernos como los de Venezuela y Cuba, al tiempo que promueve alianzas con líderes ideológicamente cercanos en la región. Con este contexto, la cumbre promete reavivar el debate sobre el papel de Estados Unidos en América Latina y el futuro equilibrio político del continente.















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