Por Juan Pablo Ojeda
La alerta sísmica volverá a escucharse este miércoles 18 de febrero de 2026 a las 11:00 horas en la Ciudad de México y el Estado de México, como parte del simulacro regional organizado por la Coordinación Nacional de Protección Civil. No se trata solo de un ejercicio más en la agenda oficial: es una oportunidad concreta para medir qué tan preparados estamos en una de las regiones con mayor riesgo sísmico del país.
Cuando suenen los 13 mil 900 altavoces y llegue el mensaje de alertamiento al celular, la reacción inmediata será evacuar. Pero el verdadero valor del simulacro está en los detalles que muchas veces pasamos por alto. Por ejemplo, medir el tiempo real de respuesta: ¿cuántos segundos tardas en dejar lo que estás haciendo y dirigirte al punto de reunión? En un sismo real, regresar por el celular, la bolsa o documentos puede marcar la diferencia entre salir a salvo o quedar expuesto.
También es momento de revisar la ruta completa de evacuación. No basta con conocer el camino habitual; hay que verificar que las salidas de emergencia estén despejadas, que la señalización sea visible y que el punto de reunión esté claro para todos. En oficinas, escuelas y edificios públicos conviene confirmar que existan alternativas en caso de que el acceso principal quede bloqueado.
El simulacro servirá además para comprobar que el altavoz más cercano funcione correctamente. Si no se escucha o presenta fallas, puede reportarse a Locatel o al 911 con el número de identificación del poste o la dirección exacta. Detectar errores en un ejercicio sin riesgo permite corregirlos antes de una emergencia real.
Otro aspecto poco comentado es la preparación emocional. La alerta puede generar ansiedad, incluso cuando se sabe que es un simulacro. Por eso especialistas recomiendan explicar previamente a niñas, niños, adultos mayores y personas con discapacidad qué va a ocurrir. En centros de trabajo, asignar responsables por área ayuda a mantener el orden y evita que alguien quede rezagado.
Y no todo siempre implica evacuar. En edificios altos o cuando no es posible salir de inmediato, es clave aplicar el protocolo de protección: replegarse, agacharse, cubrirse y sujetarse. Esta técnica reduce el riesgo de lesiones por objetos que puedan caer durante el movimiento.
Al finalizar el ejercicio, la evaluación es fundamental. Preguntas sencillas pueden revelar áreas de mejora: ¿se escuchó claramente la alerta?, ¿todos sabían a dónde dirigirse?, ¿alguien intentó usar el elevador?, ¿hubo complicaciones para personas con movilidad limitada? Convertir el simulacro en aprendizaje es lo que realmente fortalece la prevención.
Cada año, México registra más de 90 sismos superiores a magnitud 4. La estadística no busca alarmar, sino recordar que la prevención no es opcional. Participar activamente en el simulacro no implica riesgo, pero sí puede significar una diferencia decisiva cuando la alerta no sea un ensayo, sino una realidad.
















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