Pedro Haces impulsa 40 horas como justicia laboral

Por Bruno Cortés

 

La reducción de la jornada laboral en México volvió al centro del debate y ahora es Pedro Haces Barba, diputado de Morena, quien toma la batuta para defender que pasar de 48 a 40 horas semanales no es solo una reforma, sino —según sus palabras— un acto de justicia para millones de trabajadores y un paso hacia la modernidad.

Para entenderlo fácil: hoy la ley marca un máximo de 48 horas a la semana. La propuesta es bajarlas a 40 sin reducir el salario. Eso significa más tiempo de descanso, más convivencia familiar y, en teoría, mejor calidad de vida. Pero también implica reorganizar turnos, costos y dinámicas en empresas de todos los tamaños. Por eso el tema no es menor en términos económicos.

Haces explicó que la discusión arranca en el Senado, específicamente en la Comisión del Trabajo. Si ahí se aprueba, pasará al Pleno y después llegará a la Cámara de Diputados, donde actuarán como revisores. Es el camino legislativo normal: una cámara propone, la otra revisa y, si hay acuerdo, se convierte en ley.

Lo interesante es que Morena plantea una aplicación gradual. No sería un cambio de golpe. La idea es reducir dos horas por año: en 2027 la jornada bajaría a 46 horas, en 2028 a 44, en 2029 a 42 y finalmente en 2030 se llegaría a las 40 horas semanales. El argumento detrás de este calendario es evitar presiones inflacionarias. En otras palabras, que el ajuste no termine encareciendo productos o afectando el empleo por un incremento súbito en costos laborales.

Desde la perspectiva económica, el diputado sostiene que trabajar menos no significa producir menos. Cita ejemplos de países como Gran Bretaña, Chile o Finlandia, donde esquemas de jornadas reducidas han convivido con buenos niveles de productividad. La apuesta es que trabajadores más descansados rindan mejor y que eso, a largo plazo, fortalezca la economía.

También subraya que hay un acuerdo amplio: empresarios, sindicatos y el Gobierno federal estarían alineados en construir una transición ordenada. En el contexto del llamado nearshoring —la llegada de inversiones por la cercanía con Estados Unidos— Morena plantea que una fuerza laboral mejor capacitada y con mejores condiciones puede ser un atractivo adicional para la inversión.

Haces insiste en que esta reforma no es improvisada. Viene desde la Legislatura pasada, pero no logró concretarse. Ahora, con nueva correlación política y bajo el gobierno de la presidenta Claudia Sheinbaum, confía en que sí prospere y que en 2030 los trabajadores mexicanos ya estén formalmente bajo el esquema de 40 horas.

Un punto clave en su discurso es el cuidado a las Pymes y Mipymes, que representan la base de la economía nacional. Son las que generan la mayoría del empleo y las más vulnerables ante cambios bruscos en costos laborales. De ahí que la gradualidad también funcione como amortiguador para estos negocios.

En paralelo, el legislador pone sobre la mesa otro elemento: la capacitación. Desde la CATEM, organización sindical que dirige, impulsa la formación técnica en áreas como robótica, mecatrónica e inteligencia artificial. La lógica es clara: si México quiere atraer plantas industriales y nuevas inversiones, necesita trabajadores capacitados desde antes de que las fábricas arranquen operaciones. Para él, la productividad no depende solo de las horas trabajadas, sino del nivel de preparación.

Sobre los sindicatos, lanza un mensaje directo: los tiempos de contratos de protección quedaron atrás. Ahora, dice, los líderes sindicales deben realmente representar y proteger a sus agremiados, asegurándose de que conozcan sus derechos y obligaciones.

En resumen, la reducción a 40 horas no es solo una discusión sobre tiempo libre. Es un ajuste profundo en la política laboral que toca inflación, productividad, inversión extranjera, capacitación y el modelo sindical. El Congreso tendrá la última palabra, pero el debate ya está marcando el rumbo de cómo quiere México equilibrar trabajo, bienestar y crecimiento económico en los próximos años.

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