La presidenta de la Cámara de Diputados llegó al Instituto Nacional Electoral con una idea clara: en medio del debate sobre la reforma electoral, la democracia no se toca a la ligera. Tras casi dos horas de conversación con la consejera presidenta Guadalupe Taddei, el mensaje fue directo y sin rodeos: el Instituto Nacional Electoral tiene las puertas abiertas del Congreso para participar activamente en la discusión de cualquier cambio a las reglas electorales.
La diputada explicó que todavía no existe una iniciativa formal enviada por el Ejecutivo, por lo que pidió evitar especulaciones. Aun así, dejó claro que cuando el proyecto llegue al Legislativo —probablemente en febrero— será indispensable escuchar la experiencia técnica del INE, de sus consejeros y de toda la estructura que organiza elecciones en el país. En palabras simples: quienes saben cómo se instala una casilla y cómo se cuenta un voto, deben estar en la mesa.
Con un tono personal, recordó que su primer trabajo fue como capacitadora electoral en el entonces IFE, una experiencia que le permitió entender que la democracia no es un gasto, sino una inversión. Para ella, garantizar que el voto se respete y se cuente bien es tan importante como cualquier obra pública, porque de ahí depende la estabilidad política y social del país.
Sobre uno de los temas que más ruido ha generado —la reducción del gasto electoral y el financiamiento a partidos— fue cuidadosa. Reconoció que debe haber transparencia y sanciones cuando hay abusos, pero advirtió que usar el argumento del ahorro para debilitar al árbitro electoral puede abrir la puerta a un problema mayor: que el dinero del crimen organizado termine financiando campañas. Prefiere, dijo, que los recursos vengan del erario y no de intereses ilegales.
También habló de los diputados plurinominales, una figura que suele generar polémica. Explicó que su razón de existir es representar a millones de personas que votan por opciones distintas a las ganadoras en los distritos. Eliminarlos sin cuidado, señaló, podría romper el equilibrio y dejar sin voz a una parte importante del electorado.
En el fondo, su postura es política pero también económica: México está en plena negociación del Tratado entre México Estados Unidos y Canadá, y para los socios comerciales es clave saber que el país sigue siendo democrático, plural y con instituciones fuertes. Una reforma que limite derechos o debilite al INE, advirtió, enviaría una mala señal dentro y fuera del país.
La conclusión fue clara: cualquier reforma electoral debe construirse con acuerdos amplios, escuchando al oficialismo, a la oposición y a la autoridad electoral. No por avasallamiento ni por prisa, sino pensando en algo básico y fácil de entender para cualquiera: que el voto de los mexicanos siga valiendo.
















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