Por Juan Pablo Ojeda
El gobierno de Estados Unidos salió a decir que, tras la captura del presidente venezolano Nicolás Maduro, el tablero político en Caracas cambió de forma drástica. Desde Washington aseguran que el mensaje recibido es claro: Venezuela estaría dispuesta a cumplir con las condiciones y exigencias que le ha impuesto la administración de Donald Trump.
En una entrevista televisiva, el asesor presidencial Stephen Miller afirmó que el gobierno venezolano ha hecho llegar mensajes directos al secretario de Estado, Marco Rubio, para dejar constancia de que aceptarán “los términos, las demandas y los requisitos de Estados Unidos”. Dicho sin rodeos, la Casa Blanca sostiene que la presión funcionó y que Caracas entendió quién lleva ahora la batuta.
Miller no ocultó el tono triunfalista. Presentó la situación como el resultado de una estrategia de cerco sostenido sobre Venezuela, que incluyó una fuerte presencia naval en el mar Caribe y operaciones contra embarcaciones vinculadas al narcotráfico. Según su versión, el despliegue militar —que calificó como el mayor en la historia de la región— habría sido clave para doblegar al gobierno venezolano.
Estas declaraciones se dieron mientras Marco Rubio comparecía a puerta cerrada en el Senado junto con el secretario de Guerra, Pete Hegseth, y la fiscal general Pam Bondi. Los tres participaron en una sesión informativa privada con los líderes de los partidos para explicar los antecedentes y alcances de la operación que derivó en la captura de Maduro, un movimiento que sigue generando tensión y reacciones a nivel internacional.
En paralelo, el proceso judicial ya comenzó en territorio estadounidense. Este lunes, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, se declararon no culpables de todos los cargos que enfrentan ante un tribunal federal en el Distrito Sur de Nueva York. La comparecencia ocurrió apenas 48 horas después de su captura en Caracas, en un caso que no tiene precedentes recientes por la magnitud política y diplomática que implica.
Mientras Washington presume avances y habla de “cumplimiento”, el escenario sigue siendo frágil. La detención de un jefe de Estado en funciones, el endurecimiento del discurso estadounidense y la presión militar abren un nuevo capítulo en la relación entre ambos países, con consecuencias que podrían extenderse más allá de Venezuela y reconfigurar el equilibrio político en la región.














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