Por Bruno Cortés
En San Lázaro empezó a moverse una idea que muchos papás y mamás ya comentan en casa, pero que ahora busca respaldo en la ley. El diputado Gerardo Villarreal Solís, del Partido Verde, puso sobre la mesa una iniciativa para que el Estado mexicano se tome en serio un problema cada vez más visible: el uso excesivo de pantallas entre niñas, niños y adolescentes y sus efectos en la salud.
La propuesta parte de algo sencillo de entender: hoy los celulares, tabletas y consolas ya no son solo herramientas, sino compañeros cotidianos de juego y entretenimiento. El problema es que ese acompañamiento se ha vuelto excesivo y, en muchos casos, ha ido desplazando actividades básicas como el juego al aire libre, el ejercicio o incluso la convivencia cara a cara. Villarreal plantea que las autoridades federales, estatales y municipales se coordinen para promover un uso responsable de estos dispositivos, reducir el tiempo de exposición y fortalecer actividades físicas y recreativas fuera de la pantalla.
En términos legales, la iniciativa busca añadir una nueva fracción —la XIX— al artículo 50 de la Ley General de los Derechos de Niñas, Niños y Adolescentes, una ley que ya reconoce el derecho a la salud y obliga a las autoridades a trabajar juntas para garantizarlo. Lo que propone el diputado es cerrar el círculo: si la salud es un derecho, también hay que atender los riesgos modernos que la amenazan, y uno de ellos es el uso recreativo sin control de dispositivos electrónicos con pantalla.
El argumento central es claro y directo. Diversos estudios han mostrado que pasar demasiado tiempo frente a pantallas afecta la salud visual, física y mental. La exposición prolongada a la luz azul y el enfoque constante a distancias cortas provocan fatiga ocular, visión borrosa, resequedad y problemas en el parpadeo. A este conjunto de síntomas se le conoce como síndrome visual digital, un término que cada vez escuchan más pediatras y oftalmólogos.
Pero el asunto no se queda solo en los ojos. En etapas de crecimiento, este tipo de estrés visual puede impactar el rendimiento escolar, alterar el sueño y contribuir al aumento de la miopía en niñas y niños, un fenómeno que ya se observa a nivel mundial. A eso se suma el impacto emocional y mental: menos movimiento, menos convivencia y más tiempo aislados frente a una pantalla.
La iniciativa retoma incluso la postura de Unicef, que ha sido contundente al señalar que las niñas y los niños necesitan “más contacto humano que pantalla”. El organismo internacional advierte que la interacción presencial y la actividad física fortalecen habilidades cognitivas, sociales y emocionales, mientras que el uso excesivo de dispositivos se asocia con problemas de atención y una menor capacidad de empatía.
Lo que busca la propuesta, en el fondo, no es demonizar la tecnología ni prohibir su uso, sino cambiar la forma en que se convive con ella. El diputado Villarreal plantea que el Estado impulse de manera constante campañas educativas, informativas y de sensibilización para que niñas, niños y adolescentes aprendan a usar la tecnología sin que esta sustituya el juego, la convivencia y la vida al aire libre.
En un país donde la discusión pública suele centrarse en grandes cifras y conflictos políticos, esta iniciativa pone el foco en algo cotidiano pero profundo: cómo se está formando la próxima generación y qué papel juega la tecnología en su desarrollo. La apuesta es simple de explicar, pero ambiciosa en su alcance: menos pantalla cuando no es necesaria y más espacio para crecer sanos, activos y acompañados.















Deja una respuesta