Ciudad de México. — La confianza de los mexicanos en los medios de comunicación tradicionales ha entrado en una fase crítica. Lo que hace una década era la autoridad indiscutible de la televisión, la radio y la prensa escrita, hoy se enfrenta a un escepticismo histórico. Según los datos más recientes del Digital News Report 2024 del Instituto Reuters y análisis de Latinobarómetro, la credibilidad en las noticias en México se ha desplomado, situándose en apenas un 35%.
El Desplome de los Gigantes
El deterioro es evidente cuando se revisa la última década. En 2017, casi la mitad de la población confiaba en las noticias; hoy, esa cifra ha caído 14 puntos porcentuales. Pero el golpe más duro no es solo en la «confianza» abstracta, sino en el consumo diario, donde los medios heredados (legacy media) están perdiendo la batalla por la atención:
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Prensa Escrita (El gran perdedor): Los periódicos impresos han sufrido la caída más dramática. Su alcance semanal ha pasado del 51% en 2017 a un escaso 18% en 2024. El papel ha dejado de ser el referente primario de información para la gran mayoría de los ciudadanos.
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Televisión Abierta: Históricamente el medio rey en México, ha visto reducir su dominio del 65% al 19% en términos de fuente principal de noticias para las audiencias conectadas. Aunque noticieros como los de TV Azteca o Televisa (N+) mantienen altos niveles de recordación, su capacidad para dictar la agenda pública se ha diluido frente a la inmediatez digital.
La «Paradoja» de la Confianza
Un fenómeno interesante que revelan los estudios es la contradicción entre la desconfianza generalizada y la credibilidad de marcas específicas.
Mientras que el mexicano promedio dice «no confiar en los medios», cuando se les pregunta por marcas específicas, cabeceras tradicionales como El Universal, Milenio o canales como CNN mantienen índices de confianza individual superiores al 50%. Esto sugiere que la crisis es institucional: se desconfía del «sistema mediático» y sus intereses políticos/empresariales, aunque se sigan consumiendo ciertos productos por hábito o falta de alternativas verificadas.
¿A dónde se fue la audiencia?
El vacío dejado por los medios tradicionales ha sido llenado por las redes sociales, pero con un matiz generacional peligroso para la industria:
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El ascenso de TikTok: Es la red que más crece para consumo de noticias, especialmente entre menores de 25 años, quienes ya no prenden la televisión para informarse.
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YouTube y WhatsApp: Se han consolidado como los nuevos «diarios de la mañana» para millones de mexicanos, descentralizando la información y permitiendo que influencers y comentaristas independientes (a menudo con fuerte sesgo ideológico) tengan más peso que los editorialistas de renombre.
Las Causas del Declive
Expertos señalan tres factores clave que han alimentado esta tormenta perfecta en México:
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Polarización Política: La constante retórica de ataque desde el poder ejecutivo hacia la prensa (calificándola de «hampa del periodismo» o «conservadora») ha permeado en la base social, erosionando la legitimidad de los medios críticos.
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Violencia: México sigue siendo uno de los países más peligrosos para ejercer el periodismo, lo que genera zonas de silencio y autocensura que la audiencia percibe como falta de transparencia.
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Saturación Digital: Ante el exceso de información (y desinformación), el usuario opta por refugiarse en cámaras de eco (grupos de WhatsApp o algoritmos de redes) que confirman sus creencias, rechazando la neutralidad que los medios tradicionales intentan vender.
Conclusión: La radio, la TV y los periódicos no están muertos, pero su rol como «árbitros de la verdad» ha caducado. El reto para 2025 ya no es solo recuperar audiencia, sino reconstruir un vínculo roto con una ciudadanía que ha aprendido a dudar de todo lo que ve en una pantalla tradicional.















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