EE. UU. captura a Nicolás Maduro y Cilia Flores en operación militar relámpago

Por Bruno Cortés

En una maniobra que agarró desprevenido al escenario geopolítico internacional, fuerzas especiales de los Estados Unidos ejecutaron una incursión en territorio venezolano que culminó con la captura del presidente Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores. La operación, confirmada por el presidente Donald Trump a través de su red Truth Social, marca el regreso de una política exterior de intervención directa, descrita por analistas como un retorno a la «política de las cañoneras» en la región.

El asalto fue encabezado por el Equipo Delta y respaldado por la cobertura aérea del 160º Regimiento de Aviación Especial (SOAR), conocidos como los «Night Stalkers». Fuentes cercanas al operativo sugieren que la extracción fue posible gracias a una fractura interna en el círculo de seguridad del mandatario venezolano, indicando que la lealtad de su entorno fue comprometida. Según declaraciones del propio Trump a Fox News, el objetivo intentó refugiarse en un búnker de seguridad reforzado con acero, pero fue interceptado antes de lograrlo. «Estábamos preparados con sopletes enormes, pero no los necesitábamos», aseguró el republicano.

Desde Mar-a-Lago, el mandatario estadounidense describió el seguimiento del ataque en tiempo real como «ver un programa de televisión», destacando la precisión de sus tropas en lo que calificó como una «operación brillante» en entrevista con The New York Times. Trump enfatizó que el despliegue militar fue ensayado exhaustivamente, asegurando que sus generales le confirmaron que ninguna otra nación tiene la capacidad logística para ejecutar una extracción de este calibre en suelo hostil.

En el frente legal, la maquinaria judicial estadounidense ya se ha puesto en marcha. Pam Bondi, secretaria de Justicia de EE. UU., informó que tanto Maduro como Flores han sido acusados formalmente en el Distrito Sur de Nueva York. Los cargos imputados incluyen conspiración para el narcoterrorismo y posesión de armamento pesado contra los Estados Unidos. «Pronto enfrentarán todo el peso de la justicia estadounidense en suelo estadounidense», sentenció la funcionaria, aunque el paradero físico exacto de los detenidos se mantiene bajo estricta reserva por seguridad.

La respuesta desde Caracas no se hizo esperar y el ambiente es de máxima tensión. Vladimir Padrino López, ministro de Defensa de Venezuela, denunció lo que llamó «la más criminal agresión militar», reportando que la incursión incluyó el impacto de misiles y cohetes en zonas civiles. Padrino López ha convocado a la población y ordenado el despliegue total de las capacidades de defensa, mientras se realiza el levantamiento de información sobre las víctimas y daños colaterales de la ofensiva.

El vicepresidente de Estados Unidos, JD Vance, justificó la acción argumentando que la administración Trump había ofrecido múltiples salidas diplomáticas que fueron ignoradas. Vance fue tajante al señalar que el objetivo es cesar el narcotráfico y asegurar la devolución de lo que Washington considera «petróleo robado». «Maduro es la persona más reciente en descubrir que el presidente Trump habla en serio», declaró, cerrando la puerta a cualquier negociación posterior.

Esta operación representa la escalada más grave en las relaciones entre Washington y Caracas en décadas, rompiendo cualquier protocolo diplomático previo. La comunidad internacional observa con cautela, mientras se espera una conferencia de prensa a las 11:00 horas (tiempo de Miami) donde la Casa Blanca promete desclasificar detalles adicionales sobre la logística de la incursión y el estado de salud de los detenidos.

Expertos en seguridad señalan que el éxito táctico de la misión se debió a la velocidad y la sorpresa, superando las defensas venezolanas antes de que pudieran organizar una respuesta efectiva. La narrativa de la «fortaleza inexpugnable» de Miraflores quedó desmantelada en cuestión de minutos, evidenciando la vulnerabilidad del régimen ante una fuerza militar de primer orden decidida a actuar sin previo aviso.

Mientras la incertidumbre reina en las calles de Venezuela, el traslado de Maduro a tribunales norteamericanos abre un capítulo inédito en la historia de América Latina. El juicio promete ser un espectáculo mediático y político que redefinirá el equilibrio de poder en el hemisferio, dejando claro que las reglas del juego han cambiado drásticamente bajo la actual administración estadounidense.

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