Crisis en Venezuela: ONU advierte riesgos tras intervención militar y captura de Maduro

Guterres alza la voz ante el Consejo de Seguridad: la operación de EU y la captura de Maduro en Nueva York ponen en jaque la soberanía regional.

La situación en el tablero geopolítico se puso color de hormiga este lunes en la sede de las Naciones Unidas. El Consejo de Seguridad se reunió de emergencia tras el sacudón del fin de semana: la intervención militar de Estados Unidos en suelo venezolano el pasado 3 de enero. Las fuerzas del vecino del norte no se anduvieron por las ramas y desplegaron operaciones en Caracas y los estados de Miranda, Aragua y La Guaira, marcando un hito que tiene a la diplomacia internacional comiéndose las uñas.

Lo que se sabe hasta ahora es que el operativo gringo fue de alto calibre. El presidente Donald Trump, sin pelos en la lengua, confirmó en redes sociales un «ataque a gran escala» y soltó una frase que retumbó fuerte en la sala del Consejo: Estados Unidos planea «dirigir el país» hasta asegurar una transición que ellos consideren segura. Mientras tanto, Nicolás Maduro y su esposa, Cilia Flores, ya duermen en una celda en Nueva York, acusados de delitos graves por las autoridades estadounidenses, en una jugada que nadie vio venir tan rápido.

En Caracas la cosa está que arde. Delcy Rodríguez, asumiendo como presidenta interina en medio del caos, no tardó en decretar estado de emergencia en todo el territorio. El gobierno chavista califica la movida como una agresión militar flagrante y una violación directa a la Carta de las Naciones Unidas. La incertidumbre reina en las calles venezolanas, donde aún no se tiene un balance claro de las bajas o los daños colaterales de la incursión del sábado.

Rosemary DiCarlo, llevando la voz del Secretario General António Guterres, puso los puntos sobre las íes ante los miembros del Consejo. La ONU está francamente preocupada por el precedente que esto sienta. No es cualquier cosa que un Estado decida, por sus pistolas, entrar a otro y llevarse al mandatario. Guterres teme que esto desate una inestabilidad que contagie a toda la región, recordando que las reglas del juego internacional están para respetarse, no para usarse de tapete.

No hay que olvidar que Venezuela ya traía la brújula perdida desde hace rato. La tensión no es nueva; se viene cocinando a fuego alto desde las cuestionadas elecciones de julio de 2024. En aquel entonces, los expertos electorales de la propia ONU ya habían señalado que las cuentas no salían, y la Oficina del Alto Comisionado para los Derechos Humanos había documentado violaciones serias. El país sudamericano lleva décadas en una montaña rusa de crisis social y económica que ha expulsado a millones de sus hijos.

El mensaje desde la «Casa de Cristal» en Nueva York es claro: hay que evitar que la sangre llegue al río. El Secretario General hizo un llamado urgente a todos los actores venezolanos para que le bajen dos rayitas al conflicto y busquen un diálogo inclusivo. La postura de la ONU es que el futuro de Venezuela deben decidirlo los venezolanos, respetando los derechos humanos y el estado de derecho, y no a punta de intervenciones foráneas.

La comunidad internacional y los vecinos del barrio latinoamericano están ahora en la mira. Se les ha pedido actuar con solidaridad y cabeza fría. La preocupación es legítima: si se rompe el principio de soberanía e integridad territorial, se abre la caja de Pandora en las relaciones entre los estados. Guterres insistió en que la fuerza no puede ser el argumento final y que existen herramientas legales para tratar temas de narcotráfico o disputas de recursos sin necesidad de invadir al vecino.

El cierre de la sesión dejó un sabor amargo y muchas preguntas en el aire. En tiempos tan revueltos y confusos, la ONU se aferra a sus principios fundacionales como un náufrago a su tabla: respeto a la soberanía, independencia política y prohibición del uso de la fuerza. La exigencia es que la ley prevalezca sobre las armas, una postura que suena lógica pero que, en el terreno de los hechos, se enfrenta a la dura realidad de la realpolitik.

Por ahora, el mundo observa con lupa lo que sucede en Caracas y en los tribunales de Nueva York. La historia de Venezuela está escribiendo uno de sus capítulos más dramáticos y la moneda sigue en el aire. La comunidad internacional espera que se encuentre una salida pacífica antes de que el incendio sea imposible de apagar.

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