Por Juan Pablo Ojeda
La revisión del T-MEC en 2026 no será un trámite de rutina para México. Será un momento clave para revisar no solo cómo le ha ido al país en el comercio con Estados Unidos y Canadá, sino también qué tanto ha avanzado en derechos laborales, libertad sindical y negociación colectiva, temas que hoy están bajo la lupa internacional.
Desde que el tratado entró en vigor, el capítulo laboral se volvió uno de los más vigilados, sobre todo en sectores estratégicos de la economía. Ahí es donde México enfrenta un doble reto: arrastra rezagos históricos en representación sindical, pero al mismo tiempo vive una transformación acelerada del mundo del trabajo por la digitalización, la automatización y nuevas formas de empleo que ya no encajan del todo en los modelos tradicionales.
Este contexto ha abierto un debate incómodo pero necesario: si el sindicalismo tal como se conocía está preparado para defender derechos en una economía digital. De ahí surge el concepto de sindicalismo 4.0, que no propone borrar todo lo anterior, sino adaptarse a una nueva realidad. La idea es usar tecnología, plataformas digitales y esquemas de gestión modernos para mejorar la comunicación con los trabajadores, fortalecer la transparencia interna y anticipar riesgos laborales derivados de la automatización.
En palabras simples, se trata de que los sindicatos también se modernicen. El uso de aplicaciones móviles, sistemas en la nube e incluso inteligencia artificial podría servir para que los trabajadores estén mejor informados, participen más y tengan herramientas reales para defender sus derechos, justo cuando el T-MEC exige estándares más altos.
Uno de los dirigentes que ha puesto el tema sobre la mesa es Alejandro Martínez Araiza, secretario general del Sindicato Nacional Alimenticio y del Comercio. Para él, el sindicalismo mexicano está en un punto crítico: seguir aferrado a esquemas del pasado puede agrandar la distancia entre trabajadores, empresas y las nuevas formas de producción que ya dominan la economía.
La revisión del tratado también implicará evaluar si las reformas laborales de los últimos años realmente funcionan. La legitimación de contratos colectivos y la supervisión internacional han mostrado avances, pero también han dejado ver limitaciones profundas en la protección efectiva de los derechos laborales.
En este escenario, el sindicalismo 4.0 aparece como una posible respuesta para evitar que la modernización productiva termine en precarización laboral. El debate no es menor y no solo involucra a sindicatos: también están en juego empresas, autoridades y organismos internacionales que observan con atención el cumplimiento de los compromisos asumidos por México.
Así, la revisión del T-MEC en 2026 se perfila como un catalizador de cambios. El desafío será aprovechar este momento para modernizar la representación sindical, fortalecer los derechos laborales y volver a colocar a las personas trabajadoras en el centro de las decisiones económicas del país.
















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