Por Juan Pablo Ojeda
El Congreso de Chiapas aprobó, antes de cerrar 2025, una reforma que marca un giro simbólico profundo: la modificación del escudo de armas del estado para dejar atrás emblemas ligados a la conquista española y dar paso a elementos que reflejan la historia, la cultura y la riqueza natural de los pueblos originarios. La decisión fue avalada por la Sexagésima Novena Legislatura local tras un proceso de consulta ciudadana y quedó asentada en cambios a la Ley del Escudo y del Himno del Estado.
Con esta reforma, los diputados chiapanecos buscan algo más que un rediseño gráfico. La intención, explicaron, es fortalecer la identidad estatal desde una mirada propia, reconociendo el pasado indígena, la resistencia histórica y la diversidad biocultural que caracteriza a Chiapas. En un mensaje difundido en redes sociales, el Congreso afirmó que el nuevo escudo “honra nuestro pasado, refleja lo que somos y proyecta el futuro que construimos con esperanza”, al tiempo que subrayó su carácter humanista y de unidad para el pueblo chiapaneco.
El nuevo diseño incorpora 14 elementos cargados de significado, vinculados principalmente a la cosmovisión maya, la biodiversidad y la historia regional. Destaca, por ejemplo, un tocado maya inspirado en el rey Pakal, que sustituye a la antigua corona asociada con la conquista y simboliza prosperidad y grandeza. A ello se suma el cero maya, emblema del origen, el equilibrio y la continuidad del tiempo, una referencia directa al conocimiento matemático y cosmogónico de esta civilización.
El fondo rojo del escudo se mantiene como recordatorio de los sacrificios, peligros y luchas vividas durante la conquista, así como de la resistencia indígena para preservar sus principios. En lugar de un castillo, ahora aparece una pirámide que representa el Templo de las Inscripciones de Palenque, como símbolo del legado arqueológico y cultural del estado. También se integra un bastón de mando en descanso, que expresa la autoridad indígena basada en la sabiduría comunitaria, en sustitución de uno de los leones del diseño anterior.
Otros elementos refuerzan la identidad chiapaneca desde lo cotidiano y lo natural: la planta de maíz con mazorcas como sustento e identidad agrícola; el Cañón del Sumidero como emblema de fortaleza natural; textiles con bordados ancestrales; una estrella que simboliza rumbo y equilibrio; la ceiba como árbol sagrado que conecta cielo, tierra e inframundo; así como el volcán Tacaná y el Río Grande, asociados a la biodiversidad y la vida comunitaria.
De manera significativa, uno de los leones se mantiene en el escudo, no como símbolo de dominación, sino como representación del mestizaje y la conciliación entre el pasado colonial y el presente soberano de Chiapas. Con ello, el nuevo emblema busca integrar memoria, identidad y futuro en una sola imagen oficial, en un contexto nacional donde los símbolos públicos y la memoria histórica están en el centro del debate.













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