CIUDAD DE MÉXICO, 31 de diciembre de 2025.— En el vasto mundo del rock, las leyendas urbanas corren tan rápido como los solos de guitarra. Recientemente, ha vuelto a circular con fuerza una narrativa dramática que sitúa a dos titanes, Eric Clapton y Carlos Santana, en un supuesto duelo de tensiones cinematográficas en el Royal Albert Hall de Londres, en 1996.
La historia cuenta que Clapton, ante una audiencia que incluía a Jimmy Page y Jeff Beck, «desafió» a un Santana desprevenido, que estaba en el público, a subir y tocar su icónica pieza instrumental «Europa». El relato describe un silencio sepulcral y una presión insoportable sobre el guitarrista mexicano.
La verificación de los hechos
Tras una revisión exhaustiva de archivos de conciertos, crónicas musicales de la época y biografías autorizadas, no existe evidencia documental ni audiovisual que sustente que este evento ocurriera de esa manera. Si bien Santana y Clapton han compartido escenario en múltiples ocasiones (como en los festivales Crossroads), y Santana es un habitual del Royal Albert Hall, la narrativa del «desafío» parece ser una fabricación dramática popularizada en internet.
Expertos y biógrafos coinciden en un punto clave que desmorona el mito: para 1996, Carlos Santana llevaba 20 años interpretando «Europa (Earth’s Cry Heaven’s Smile)» noche tras noche. Lanzada en el álbum Amigos de 1976, la pieza es quizás su instrumental más famoso y solicitado. La idea de que Santana estuviera «no preparado» o intimidado para tocar su propia obra maestra resulta inverosímil para un músico de su calibre y experiencia.
La verdadera magia de «Europa»
La realidad es que Carlos Santana no necesita ser desafiado para demostrar su conexión espiritual con la guitarra. «Europa» es una pieza compleja y emotiva que requiere una maestría técnica y un «feeling» que pocos poseen, y Santana la ejecuta con una facilidad pasmosa en cada presentación.
Lejos de los mitos de duelos egocéntricos, la relación entre guitarristas de ese nivel suele ser de profundo respeto mutuo y colaboración. La grandeza de Santana no reside en responder a un reto ficticio de Clapton, sino en las décadas que lleva haciendo cantar a su guitarra con una voz propia e inconfundible.















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